Beneficios de la actividad física tras un cáncer de mama


En un artículo publicado online en Febrero de 2007 en el British Medical Journal, un grupo multidisciplinario de la Universidad de Glasgow se propone determinar si en las mujeres en tratamiento de un cáncer de mama, diagnosticado en fase precoz, la participación en un programa de ejercicios físicos supervisados, dentro de un grupo, durante 12 semanas aporta beneficios funcionales y psicológicos que se mantienen a los 6 meses.

Las participantes fueron 203 mujeres, de las cuales 177 completaron los seis meses de seguimiento, asignadas de modo aleatorio en dos grupos:


  • Un grupo asignado a la asistencia a clases de ejercicios físicos programados y supervisadas (dos clases por semana, además de unos ejercicios para realizar en casa una vez a la semana). Las clases consistían en un calentamiento de 5-10 minutos, 20 minutos de ejercicios: caminar, bicicleta estática, ejercicios aeróbicos de bajo nivel de exigencia, ejercicios de estiramientos musculares y un periodo de relajación. Las clases duraban 45 minutos en total.
  • Un grupo de control en el que las mujeres recibían los cuidados habituales de los servicios de oncología para las pacientes en tratamiento (fuera quimioterapia, radioterapia o combinación de ambos métodos), así como un folleto con información sobre la importancia de la actividad física en el tratamiento del cáncer con algunas guías de ejercicios, mediante las cuales se les ayudaba a construir su propio programa.


Los resultados en las participantes se valoraron con cuestionarios específicos para evaluar la calidad de vida (física, funcional, social y emocional) en pacientes con cáncer.

Cómo se diagnostica la depresión


Se utilizaron también cuestionarios específicos para evaluar el grado de depresión, los afectos positivos y negativos, el índice de la masa corporal, la actividad física durante la semana, un test de marcha de 12 minutos y un test de la movilidad del hombro.

Después de 12 semanas de ejercicios físicos supervisados, el grupo de mujeres que las completó mostraba claros beneficios desde los puntos de vista físico y psicológico, en comparación con el grupo de control. Estos beneficios se mantenían a los seis meses de seguimiento.

La conclusión es que las mujeres que participaron en las clases de ejercicios físicos supervisados, además de recibir los cuidados habituales mientras recibían tratamiento de su cáncer de mama, obtuvieron beneficios funcionales y psicológicos al terminar las 12 semanas programadas y a los 6 meses de seguimiento, cuando se compararon con las mujeres que no participaron.